jueves, 12 de marzo de 2009

Educación. El actual panorama nacional.

Valentina Sifuentes García

El término educación resulta, como Batson decía en algún momento refiriéndose a la comunicación, tanto fascinante como irritante. Y es que en este sentido, el debate sobre la educación ha sido abordado desde enfoques muy diversos, obligando a que este concepto se haya resemantizado a través de la historia.

Según Weber, para estudiar a la sociedad debemos entender a ésta como una estructura de relaciones sociales orientadas hacia cierto sentido. Considero que esta visión permite abordar a la educación de manera general, para no atarnos a definiciones que puedan rebasar, o limitar, las intenciones de este trabajo. De esta manera, la educación, al igual que la economía, la religión, la política, etc., es uno de los sentidos hacia los cuales ciertas de nuestras relaciones sociales se orientan.

Este trabajo plantea que la educación --sin que ello implique la irreconciliabilidad con otras perspectivas-- es una representación social, es decir, una construcción simbólica que se crea y recrea en el curso de las interacciones sociales, y en donde la comunicación juega un papel esencial.

Tenemos entonces, que las interacciones sociales tienen un sentido, y que la educación puede ser considerada uno de esos sentidos de acción, además de que su significado se reconstruye constantemente como consecuencia de la dinámica de estas relaciones sociales. La educación, por tanto, es un producto y un referente de la estructura social, en otras palabras, la representación de educación se crea desde la estructura social, y crea a esa misma estructura social.

Aquí es necesario regresar al punto sobre la naturaleza dinámica de las representaciones sociales, y de la educación como tal. Si la representación social de la educación se configura y reconfigura en el proceso de las interacciones sociales, entonces la comunicación juega un papel fundamental, ya que el diálogo es una de las principales formas de interacción. De ahí la importancia del impacto social que tiene la educación, y de su estudio desde la comunicación.

Entendiendo que a partir de nuestras interacciones comunicativas nosotros construimos nuestras representaciones sobre la realidad, no podemos negar que la estructura social y los cambios que ella se den intervienen directamente en estas representaciones, y en nuestra forma de ser y de actuar en el mundo.

Para hablar más a profundidad de las situaciones concretas que están actualmente interviniendo en la configuración de nuestra representación social sobre la educación, más particularmente en la educación pública, me basaré en los estudios del investigador Hugo ABoites, los cuales tienen como tema el impacto e influencia que han tenido las políticas globales en la educación superior en México, principalmente en la de carácter público, a partir de gobierno salinista.

Antes del gobierno de Salinas, las estrategia de desarrollo nacional llevadas a cabo por los gobiernos priístas, se habían caracterizado por dar al estado un papel principal en la toma de decisiones, sin embargo, la estrategia de Carlos Salinas abría camino a la intervención directa de las empresas en la dirección del país. Estas acciones se encaminan dentro de lo que generalmente conocemos como neoliberalismo.

Así, tenemos que a partir de 1988, los acuerdos entre México y los países de América del Norte, sobre todo Estados Unidos, tienen como objetivo el establecimiento de reformas que faciliten el tránsito de bienes de todo tipo entre estas naciones, con la finalidad de que México logre, a través de la inversión extranjera, adquirir ingresos que permitan el desarrollo de su economía.
Dentro de estos acuerdos, la educación tiene un lugar preponderante. Y es que el proyecto educativo impulsado desde el gobierno, se plantea como problema principal la “capacitación” de los jóvenes que ingresarán al campo laboral para sustituir a los sujetos que vayan saliendo de éste, en un país que debido a su política de desarrollo económico, necesita principalmente técnicos y mano de obra, más que científicos, y en menor medida, de humanistas.

Según Aboites, el proyecto vigente en el país impulsado por la SEP (datos hasta el 2000) es el que se plantea la formación de la Población Económicamente Activa (PEA). Para Reséndiz y Núñez (1998), el modelo que se toma como referente para el “ideal” de la distribución de porcentajes de sujetos que debe haber cubriendo cada necesidad laboral es el de Italia. De esta manera, se espera que en las próximas décadas México pueda contar con un 10% de directivos y funcionarios, es decir, sujetos que cuenten con Licenciatura y Posgrado; 15% de sujetos en Mandos Medios, que cuenten con una educación técnica profesional; 35% Operadores, es decir, técnicos medios, y finalmente un 40% de obreros, individuos que cuenten con una educación técnica básica.

Bajo este proyecto, la educación en la que el gobierno debe enfocarse en promover y facilitar, es ante todo la técnica, ya que si la matrícula de profesionistas aumentara, la balanza del campo laboral disponible se saturaría por un lado, y quedaría vacía por otro, generando falta de empleos y crisis. Este razonamiento suena lógico cuando se piensa que sólo este proyecto de desarrollo es viable en nuestro país.

Aunado a lo anterior, entender a la educación como capacitación nos lleva a considerar que la opinión de las empresas en lo que se refiere a los objetivos y forma que ésta debe tener es esencial. Si las empresas son las que van a contratar a los egresados, quién mejor que ellas para saber los conocimientos y habilidades que los estudiantes deben adquirir.

En este sentido, el estado relega su responsabilidad, tanto a nivel de coordinación como de financiamiento, al capital privado, ya sea nacional, pero también extranjero, debido a los compromisos que como anteriormente se mencionó, México adquirió con América del Norte. Por esta razón, es un hecho que las políticas globales son una imposición cada vez más clara en la realidad del mexicano.

Para demostrar esta situación, los ejemplos sobran. El 28 de febrero de 1990, en los Pinos, el Presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari y el Secretario de Educación Pública, Manuel Bartlett Díaz firmaron un convenio con el Sector Productivo Privado. Este acuerdo tiene un gran “valor simbólico y real (…) –ya que- ahí se establece expresamente que es el sector empresarial el interlocutor fundamental del gobierno para la definición del rumbo de la educación media superior, superior y la investigación científica que se lleva a acabo en las instituciones públicas (Aboites, 2001: 1b). En el documento referido, se establece que el Estado, junto con el sector empresarial se dedicará a la creación de nuevas instituciones, y también de manera “conjunta…planes de formación de recursos humanos”, “prácticas” de los estudiantes en las industrias, y con él también se evaluarán “los planes y programas de estudio vigentes”. Se establece también que “el Sector Productivo participará en los consejos directivos de los nuevos servicios…de educación tecnológica”…que se vayan creando, que el Sector Productivo podrá utilizar la infraestructura de las instituciones públicas “para el desarrollo de proyectos de investigación científica y tecnológica” y que se buscará que las investigaciones de las instituciones públicas generen en “productos aprovechables por el Sector Productivo” (SEP: 1990, en Aboites, 2001: 19)

Otros ejemplos pueden ser las modificaciones en el artículo tercero constitucional, y la intervención del CENEVAL en la elaboración de exámenes para los concursos de ingreso a la educación media superior en la zona metropolitana. El CENEVAL es una empresa privada en cuyas manos recae la autoridad de elegir a los candidatos elegibles para ingresar al nivel medio superior y superior. Si tomamos en cuenta que una de los planteamientos del proyecto educativo en México en el aspecto público, es que el gobierno le brinde menos recursos para poder utilizarlos en otros aspectos como la inversión, podremos ver como para el CENEVAL los sujetos que puedan sustentar su propia educación monetariamente serán los candidatos elegibles. En este sentido, en el Programa de Desarrollo Educativo 1995-2000 se señala que “las instituciones públicas de educación superior…deberán desarrollar mecanismos para diversificar y aumentar la base de financiamiento…” (SEP: 1996: 169).

Para Aboites, las dos vertientes que definen la situación actual en política educativa son “calidad” y “pertinencia” educativa. La “calidad” en educación se referirá a la eficiencia, a la utilidad. La “pertinencia”, también dentro de esta visión, nos habla de que se debe invertir en la educación que se necesite, es decir, en la privada y la técnica.

Dentro de este panorama, la educación en la UNAM es un punto sensible, debido a su carácter público y autónomo. La influencia que el contexto nacional y mundial antes descrito ha tenido un lento pero existente impacto, que se puede ver en las modificaciones en los programas de estudio y la baja en el presupuesto destinado a ella. El mayor ejemplo es la huelga de 1999, la huelga más larga en la historia de la UNAM, la cual estalló como resultado de la intención de imponer cuotas a los estudiantes, propuesta desarrollada por el entonces rector Francisco Barnés de Castro, y la cual estaba orientada en el compromiso que el Gobierno Federal tiene con el sector empresarial para utilizar con la mayor eficacia posible los recursos a la educación. De esta manera, la UNAM debe empezar a generar mecanismos para sustentarse ella misma.

El movimiento estudiantil, si bien terminó a través del uso de la fuerza por parte del gobierno, triunfó al frenar el impacto neoliberal en México, y demostró que sigue siendo un espacio que construye plataformas de debate, en el cual, se siguen integrando a los intereses de un porcentaje representativo de la población.

De esta manera, analizar la representación de la educación desde estudiantes de la UNAM, nos habla de la complejidad que se construye en un espacio como éste, en donde se confrontan y yuxtaponen lo global con lo particular, lo impuesto con lo propuesto, de ahí, la importancia de analizar las representaciones que construyen los sujetos inmersos este espacio.

Para este Aboites, la educación en México sufre una crisis que emana directamente de la contraposición que existe entre el proyecto vigente de universidad y las aspiraciones que tienen los millones de jóvenes, por un lado, y las necesidades de conocimiento que las condiciones sociales nos exigen. La UNAM, resulta ser el espacio más conveniente para poder conocer los efectos de esa crisis.

Así, tenemos que el estudio de la representación social de educación que manejamos en la actualidad, demanda su estudio desde la perspectiva de la comunicación, para con ello, poder analizar a más profundidad los referentes que la construyen y de esa manera, conocer el panorama actual para poder construir propuestas viables en la construcción de nuevos mundos posibles.


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